Imanol Uribe cierra su trilogía sobre el terrorismo con “Lejos del mar”

Imanol Uribe©alex gray photography

San Sebastián, 24 sep (EFE).- Imanol Uribe protagoniza la jornada de hoy en el Festival de Cine de San Sebastián donde se proyecta, fuera de concurso, “Lejos del mar”, una historia de arrepentimiento y muerte imposibles de olvidar, con la que cierra la trilogía formada por “La muerte de Mikel” (1984) y “Días contados” (1994).

“Las secuelas de la violencia salen por el lado más insospechado” y esa es, afirma Uribe en una entrevista con Efe, la esencia de una trilogía sobre el terrorismo que, según el director vasco, parece terminar aquí, pero podría tener “otros dieciocho capítulos” y con la que pide a gritos pasar página.

“La muerte de Mikel”, “Días contados” -el largometraje más nominado de la historia de los Goya-, y ésta “tienen cosas en común -explica- por cuanto son relaciones de pareja, cada una muy diferente; Mikel es un abertzale que descubría su sexualidad y en ‘Días..’ un etarra se enamora de una yonki”.

“Son todo relaciones de pareja muy extremas; esta es una historia que manejaba desde hace tiempo (…) quería hablar de las consecuencias de la violencia y cómo las secuelas salen luego por el lado más insospechado”, explica Uribe en una entrevista con Efe.

“Pero a esto no lo llames historia de amor, aquí no hay amor en ningún instante”, dispara Anaya, protagonista de la cinta y feliz de hacer un papel “complejo, con diferentes capas”, que le permite dar una profundidad diferente “porque son emociones que no han sido antes contadas; eso hace que tu mirada sea no tan clara como puede parecer”.

La actriz, que habla con Efe en el hotel María Cristina de la capital donostiarra, cree que en “Lejos del mar” lo que hay “es un encuentro de dos personas que, alejadas de todo y de todos, pueden confesarse y vomitar una serie de daños y fracturas inconfesables y que durante su vida, en sus familias, ha sido un tema intocable”.

Con guión del propio Uribe y Daniel Cebrián y coproducida por Maestranza y la chilena Suroeste Films, la película narra el encuentro por azar de un etarra (Eduard Fernández) con la hija de una víctima, tras salir de prisión por la aplicación de la doctrina Parot.

El preso ha cumplido parte de su condena y viaja a Almería, donde reside un amigo al que conoció en la cárcel.

“A este hombre le quedaban por cumplir diez o doce años; quería plasmar el desconcierto de verse en la calle sin tenerlo masticado y digerido, después de tantos años”, comenta el director.

“Yo no soy político, de hecho -confiesa Uribe- huyo de la política como de la peste; he escogido estos personajes porque me interesaban desde el punto de vista de los sentimientos, me parecían atractivos en su dolor, veía su circunstancia, que yo viví aquí en los años 80, y era un contexto muy de película, pero he intentado alejarlos de circunstancias políticas concretas”.

Para Anaya, “cada historia puede ser interpretada de muchas maneras; por el público, por el director, por los actores… En este caso -afirma- Imanol Uribe me parece un señor muy implicado con su cinematografía y muy pasional; luego tenía muchas ganas de verme frente a frente con Eduard (Fernández) y ver qué nos pasaba”, dice, sonriente.

Marina es, según la actriz palentina, “un personaje muy bonito, es una mujer con un daño muy grande, irreparable, con una huella del pasado que no se borra; entrenada para salvar vidas; salva todas, menos la suya, y tiene una vinculación muy fuerte hacia la locura y hacia la muerte”.

Rechazan ambos que la relación que se cuenta sea rebuscada, aunque sí conceden que no es ni natural, ni sana.

“Es extraña, atípica, y un poco desconcertante (…) pero hasta cierto punto, comprensible. Es un deseo de venganza. Pero hay ninguna historia real detrás”, explica Uribe, y en su opinión, “rebuscado es lo que sale por la tele, en los informativos”.

“Es una película con muchos silencios y muchas preguntas sin responder; hay ganas de decirse muchas cosas, que no salen hasta que se arman de valor -apunta Anaya-. Los recuerdos, las sensaciones no se pueden enterrar, hay que pasar página para poder superarlo”.

Excepto una secuencia que transcurre en San Sebastián, toda la acción transcurre en localizaciones de Almería, la mayoría, en el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, un lugar que Uribe conoce bien ya que allí filmó, hace casi veinte años, su película “Bwana” (1996), con la que ganó la Concha de Oro en San Sebastián. EFE

Fuente:  El Confidencial