NOTAS DEL DIRECTOR

LA HISTORIA




En el año 1995, después de cerrar el ciclo de Días Contados, comencé a trabajar en un nuevo proyecto, titulado provisionalmente La Casa del Padre, que llegué a localizar incluso en la costa brava. Pero la película se quedó, como muchas otras, en el cajón de los proyectos porque no se daban ni las condiciones ni las circunstancias para abordar en aquel momento un tema de esta naturaleza: las heridas íntimas y profundas provocadas por la violencia  que vuelven a reabrirse a medio y largo plazo. Me faltaba perspectiva.

Veinte años después he rescatado el tema, porque creo que ahora comienzan a darse las condiciones mínimas para poder asomarse a ese precipicio e intentar reflexionar sobre el odio, la venganza, el arrepentimiento o la locura que generaron estos años de violencia. Y probablemente tendrán que pasar todavía algunos más para poder hablar también  del perdón y el olvido.

Si antes la acción se iba a desarrollar en la Costa Brava, ahora la he localizado en el Cabo de Gata donde ya rodé Bwana, también en los 90. Ese paisaje, tan hermoso y tan terrible en su aspereza, envuelve  perfectamente este encuentro estéril  y brutal entre nuestros dos protagonistas, Marina y Santi.

LOS ACTORES




Todos sabemos  la importancia que tiene el trabajo de los actores en el resultado de una película. Es obvio. Pero a veces sucede que se dan las circunstancias propicias y se enrolan en tu película desde incluso antes de escribir el guión o cuando acabas la primera versión. Y entonces, su trabajo, sus ilusiones, sus obsesiones y también sus miedos te los ofrecen generosamente para que los recojas, los moldees y los incorpores a tu proyecto. Y pasan a ser tus cómplices. Y los sientes ahí, a tu lado, y los vampirizas en este viaje iniciático en el que se convierte  el desarrollo de una película. Eso  ha sucedido afortunadamente en Lejos del Mar. Con todos ellos.

Admiro, por ejemplo, el esfuerzo de quien se prepara una prueba de casting concienzudamente, desplazándose a Almería para trabajar el acento del personaje y adelgaza después de forma extrema para acercarse a él. Y qué decir de los dos protagonistas sobre los que pivota en todo momento el arco dramático de la película, que lo han ido construyendo día a día, atentos a cualquier oportunidad, por mínima que fuera, para vestir a sus personajes con una gama de colores que mientras escribíamos el guión apenas habíamos intuido. ¡Qué privilegio!

EL RODAJE




También he tenido el privilegio de rodar mis últimas películas en localizaciones aisladas y alejadas de la residencia habitual de la mayoría de nosotros. A veces, incluso me planteo si en mi subconsciente esa cualidad no es prioritaria a la hora de elegir un proyecto. En cualquier caso, esa circunstancia, el rodaje en una localización aislada y lejana, ha potenciado siempre  la comunicación y el trabajo en equipo. En el caso de Lejos del Mar este efecto se ha multiplicado espectacularmente al estar concentrados la mayor parte del tiempo en una playa, con sus accesos y alrededores, de la que nos hicimos amos y señores absolutos a lo largo de un otoño maravilloso, trabajando por supuesto de sol a sol. Siempre he intentado hacer  cómplices de la historia que estamos contando a todos y cada uno de los miembros del equipo pero creo que en este caso hemos llegado a unas cotas de implicación recíproca muy notables gracias precisamente a esas circunstancias externas que lo propiciaban.

LA MAGIA DEL CINE




Exactamente al día siguiente de terminar la primera versión del guión, coincidí en un evento cinematográfico con el productor sevillano Antonio Pérez. Le conté que acababa de terminar una historia que transcurría en Andalucía y me pidió leerla. A los dos días me llamó interesándose por la situación del proyecto y cuatro meses después empezábamos el rodaje de la película. ¡Inaudito!
Si a esto le añades que Daniel Cebrián y yo habíamos empezado a escribir el guión tres meses antes, resulta que entre el inicio de la escritura y el comienzo del rodaje apenas habían transcurrido siete meses cuando la idea de abordarlo me rondaba en la cabeza desde hacía casi veinte años. ¡Increíble!
Siempre he creído en que el cine y las circunstancias que lo rodean necesitan unas buenas dosis de magia para que los proyectos fluyan, pero en este caso la realidad ha superado claramente mis previsiones.

Imanol Uribe